Bicentenario…desde el exilio
20 julio 2010 2 comentarios
En medio de tantos odios y rencores nacionalistas que se viven en algunos países de la magnificada Europa hoy por lo menos hay un pálpito que celebra 200 años con una sola lección que dar: la ilusa unidad de esa patria querida llamada Colombia, y no es poco.
A todos nos mintieron cuando siendo chicos nos dijeron que Colombia era el mejor país del mundo o el más bonito, no lo es. A todos nos mintieron cuando de chicos nos dijeron que el oro representaba la riqueza de nuestras tierras, azotadas, en cambio, por la sangre y las balas de la guerra. El azul puede que sea lo único en lo que no nos engañaron si se tiene en cuenta que los oceanos que bañan nuestras costas y los ríos que recorren nuestras vidas son raíces por donde viaja el sufrimiento y la tristeza ahogada de muchas familias. Siempre nos han mentido y pronto, mientras creces, ves mundo y te das cuenta que Colombia no era nada de eso. No hay por qué mentirse, si Colombia fuera la fantasía que nos pintaron, los niveles de emigración no hubiesen sido tan altos durante la última década. Millones de colombianos no hubiesen salido corriendo del país, no solo porque era peligroso, sino porque todo el mundo quiere lo mejor para su vida y el país no lo ofrecía. Pero, ¿Cómo explicas a un niño que su país está socialmente fracturado? ¿Cómo explicas a ese mismo niño que cualquier noción de justicia que él pueda llegar a tener no se corresponde con la versión de justicia que hay en Colombia – y para ser sinceros, en cualquier lugar del mundo? ¿Cómo le explicas, que siempre ha sido así?
Colombia no es corrupa por Uribe o violenta por Santos, no nos engañemos ni nos excusemos. ¿Acaso en los ochenta no ponían bombas cada “dos por tres”? ¿Acaso La Violencia no fue uno de los periodos más crudos de nuestra historia? ¿Y la guerra de los mil días? Antes de que mataran a Galán ya habían matado a Gaitán, y antes de ellos a muchos otros. El problema de Colombia, de nosotros, es que no queremos aprender.
¿Qué celebramos hoy? ¿Independecia de qué o de quien? “De los españoles opresores,” dirá el más ingenuo sin percatarse, pobre, que vivimos oprimidos por nosotros mismos.
Cabe recordar que en una sociedad como la nuestra hay muchos, la mayoría, que sigue siendo esclava de unos pocos. Cabe recordar, además, lo que ya todos sabemos, que Colombia es elitista – como todas las sociedades del mundo – pero con una clase media tan ínfima que ambos extremos, el de la riqueza y la pobreza siempre vivirán en conflicto porque son tan opuestas y están tan cerca que ese colchón no es capaz de absorber las riñas entre ambos. En Colombia, el que no tiene dinero no puede estudiar en una buena universidad, porque todas son privadas y cuestan un buen dinero. Por lo tanto, allí, al menos, si el dinero no compra la felicidad si te puede comprar el futuro. En Colombia mucha gente no vive ni con un dolar al día y no tiene agua ni luz. ¿En Colombia, realmente, de qué podemos estar orgullosos? El bicentenario que celebramos es una bonita mentira nacionalista y patriótica que por alguna razón nos gusta a los de allí. ¿Orgullos de qué? ¿Acaso Colombia es un país del cual sentirse orgulloso? Ya no sirven estupideces como: Orgullosos de las mujeres bonitas y del café. Tonterías. Siendo estríctamente sinceros, como sociedad democrática que celebra su independencia, su bicentenario, no tenemos nada que celebrar, es más, deberíamos echarnos a llorar. Hemos progresado a trompicones dejando la base de nuestra hermosa sociedad tan llena de huecos como cualquier calle en Bogotá. En Colombia no tenemos nada que celebrar porque si echamos la vista atrás nos daremos cuenta que poco se ha avanzado en estos doscientos años. Aun así, estamos más orgullosos que nadie de ser colombianos, de la tierrita.
Ese sentimiento vago denominado “ser colombiano” es lo que, en cualquier caso, habría que celebrar hoy. Obviar desfiles militares y patriotismos vacíos para celebrar lo único que tenemos en común todos los colombianos, el gusto por el sancocho, el ajiaco, la yuca, la papa, la bandeja paisa, el maduro, el patacón, el jugo de lulo y maracuyá y por supuesto, el aguardiente! Eso, que es más grande que cualquier cosa y que algunas sociedades, como la española, todavía no es capaz de comprender. Ellos – no todos por supuesto – viven obsesionados con los nacionalismos, con las viejas batallas, sin darse cuenta que comparten más de lo que creen. Que nación es cultura y que cultura también es lo que catalanes, vascos y manchegos comparten al comerse una paella valenciana en Sevilla. A cualquier colombiano se le pone la piel de gallina con solo ver el tricolor por ahí fuera, aunque sea en una charca y eso, aunque sepamos que es mentira lo que significan esos colores, es acogedor, porque sientes, donde haya una bandera colombiana, que estás en casa.
A muchos colombianos nos ha tocado escuchar desde que salimos de Colombia lo que por desgracia, era cierto. “Colombia es peligroso”, “Colombia, puppy flowers”, “Colombia, guerrilla”, “Colombia, cocaine”, y siempre la defendimos hasta el final. Defendimos lo indefendible, pero el problema es que ellos no saben lo que es Colombia. No es un país, no es un territorio, no es una bandera, nunca mejor dicho, es un sentimiento, algo inexplicable que se lleva por dentro. En estos 9 años en el exilio he querido como nunca a mi Colombia, a eso de ser colombiano, a emocionarme cuando después de mucho tiempo me encontré una Pony Malta en un rincón de París o cuando años después descubrí en Barcelona que allí también había llegado el Bon Bon Bum…
Hace mucho tiempo no defiendo a mi patria porque es imposible hacerlo, y sigo sintiendo la misma frustación al saber que no puedo moverme libremente por el mundo sin pedir un visado por el mero hecho de ser colombiano. Pero aun así después de 200 años me he dado cuenta que lo único que le puedo transmitir al mundo son esas pequeñísimas cosas que casi siempre terminan enamorando al que todavía no las conoce…
Hasta la próxima
MA3
Genial y descarnado, como merece el tema. Me has recordado al mejor Carlos Rangel (deberías leer “Del buen salvaje al buen revolucionario”). Un abrazo cóndor
Muy interesante el artículo, pero hay una corrección que deberías hacer, la imagen que pusiste como referencia no es el logo oficial del Bicentenario de Colombia.