Sevilla…Máster ABC (director’s cut)
21 noviembre 2010 1 comentario
La versión que vieron los ojos que todo lo ven termina a las 19:00 horas del 19 de Noviembre. Esta es el montaje del director. Incluye 24 horas más.
Eo, gente!!! Dice Tahiri. Ah no, ha sido Miriam que entre copa y copa afina un poco más su imitación del compañero boquita de corazón. En la barra, Álvaro intenta ligar con su mirada de galán; y en una esquina, Adrián busca convencer a la gente de que su arte en la cocina supera a la de Ferrá Adriá. En ese bar sevillano, del que es muy posible ningún masterópodo recuerde el nombre, cantaron desde “Santa Justa Klan” hasta el famosísimo “Ale, Alejandro…Carantoña” de Lady Gaga. Coco desenredaba uno que otro chismorreo de los medios de comunicación, Roció tiraba alguna copa mientras alguien le derramaba otra en la espalda y en medio de todos, Manu “la paisa”, no paraba de imitar a…ejem, ejem…haber estado allí. También hizo un mal: Les enseñó a las otras chicas algo de la jerga colombiana, y desde entonces no paran de decir: Qué tal!! Qué tal!! De “la chama” o Cecilia Tibisay casi no me acuerdo porque algo más me preocupaba en ese momento: no entendía que Miguel, que habla tan poco, abriera la boca para decirme que Pearl Jam le parece un grupo homosexual.
Más tarde en la noche los recuerdos se nublan y aparecen secuencias aleatorias. Rocío y este servidor intentando abrir con poco éxito la puerta del hostal; Coco emergiendo desde el fondo de un locker y Adrián obsesionado con encontrar croquetas de tempura, aunque horas atrás hubiese llenado el buche hasta con una “big mac”. A mitad de un sueño el ronquido bestial -y es verdad- de un pequeñín Tahiri al que me toco empujar con suavidad para que dejara de molestar. Y bbbbiiipppp!!! el maldito despertador que anunciaba el comienzo de esa mañana brutal.
Aguardamos largo tiempo por las chicas, que para variar, querían dormir de más. Apuramos el “check out” hasta que fue obvio que tocaba zarpar. Resacosos y sin hostal, el grupo se aventuró por las calles de Sevilla en medio de un diluvio universal. Sin resguardo, entre paraguas y risas -que nunca pueden faltar- deambulamos sin norte hasta llegar al sagrario de la catedral. Asistimos a misa, el cansancio y la lluvia nos condenaron a esperar; y en ese punto, los ánimos empezaron a flaquear. Las caras de estas víctimas nocturnas eran incapaces de aguantar semejante castigo celestial. Dando gracias al Señor, continuamos el periplo, hasta llegar, cómo no, a un bar. “Los niños”, se llamaba. Sentados en el establecimiento sacamos nuestras cartas y empezamos a barajar. Los votos decidieron que la mejor opción era consultar con la Renfe y de ser posible, abandonar cuanto antes ese mundanal. Pero aquí juega su papel el doble filo de las ofertas tan de moda en el mundo digital. Cuando la chica de la Renfe me informa de que el bajo precio de nuestros billetes está condicionado a que no se puedan modificar, miro a mis muchachos y me dan ganas de ponerme a gritar. Muertos de frío, con hambre y resaca, solo nos queda esperar. Por suerte, no perdemos el humor, y resignados, nos vamos a zampar.
Cris, la amiga sevillana de Coquiño, encuentra un sitio donde por 6 euros tenemos un combinado con complemento, y sin dudar, dejamos nuestras cosas, nos sentamos y vuelta a rajar. La Rosi necesita unas botas nuevas porque el agua se le ha calado y sus calcetines ya no dan más. El Eidran necesita una bufanda del Betis y juntos se van a comprar. Mientras, nosotros esperamos calentitos acompañados de una suculenta ración de calamar. Cuando por fin estamos todos, llega la comida, silencio en la mesa, y las caras de estos nueve masterópodos recobran el color dejado atrás.
Pasan un par de horas, estiramos el tiempo, y cuando salimos nos recibe un sol excepcional. Repletos de fuerza y los piés secos, ahora sí nos disponemos a recorrer la vieja Sevilla. Caminamos por la vera del Guadalquivir, vimos la torre del Oro, y llegamos a la renovada Plaza de España. Compartimos unas castañitas en son de paz con el clima y con la ciudad. La luna, que pronto será llena, nos avisa que hay que regresar. Nuestras mochilas nos reclaman en la consigna del hostal. Tomamos el tranvía y el cansancio nos vuelve a protagonizar; pero estamos tranquilos, al final las cosas no terminaron tan mal.
Eo gente!! vuelve a decir Miriam, hay que subirse al tren. Quedarnos en Sevilla una noche de más nos arrebata nuestra vuelta en preferencial, pero da igual!! Ya estamos de vuelta a nuestro querido Madrid, y aunque durante el día todos aseguraron que según se sentaran se pondrían a roncar, terminaron charlando y riendo; estos bichos no saben hacer más…
MA3

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