Volare…
13 febrero 2011 1 comentario
Han pasado catorce años desde que subiera por primera vez al poder y la figura del “Il Cavaliere” se ha mantenido intacta a pesar de todo tipo de escándalos de faldas y corrupción. Ahí le tienen, el primero en las encuestas de intención de voto. Como el mejor gladiador, parece intocable, y logra salir victorioso de todas sus contiendas. Ni los tribunales, ese órgano que reparte justicia a diestra y siniestra al resto de los mortales, ha podido tocarle. Se ha negado, y observa Italia desde su macro imperio mediático, rodeado de hermosas “velinas”. Él se jacta de ello, como buen italiano, mientras muchos hombres se mueren por emularlo.
Hace unos días en “La Vanguardia” se publicaba un reportaje en el que se preguntaba, solo a machotes, sobre la actitud de su primer ministro. Resignación, “alcahuetería” y cierto tono de jocosidad era el mensaje que transmitía el texto. Si Silvio lo leyera inflaría aún más el pecho. Pero, ¿y las mujeres?. Lo que no parece estar viendo el presidente del AC Milán es que su droga puede pasarle una terrible factura.
Cansadas de la imagen que los escándalos sexuales de Berlusconi están creando, ellas empiezan a organizarse. La chica con curvas perfectas, ojos grandes, pelo Pantene y un buen par de domingas, que gracias a ello -o a ellas- escala posiciones, no es el prototipo que muchas italianas aprueban.
“El voto de las mujeres acabará contigo”, le advirtió Maria Zegarelli desde su columna en L’Unitá. El mismo diario ha lanzado una campaña de recogida de firmas bajo el título: “¿Donde estáis, mujeres? Digámoslo: ya basta”. Ya han conseguido más de 30.000 firmas. Hace ya casi quince días, las mujeres del Partido Democrático (principal fuerza de centro-izquierda) se concentraron frente al Palazzo Chigi, exigiéndole “respeto a la dignidad femenina”. “Avergüenzate y dimite”, le gritaban. “A mi hija no la tendrás”, le espetaban. Las protestas se repitieron en Milán, Bolonia y Turín. Hoy las manifestaciones se han multiplicado. 200 ciudades italianas y 50 en todo el mundo.
Pero Berlusconi sigue en su sillón, sin inmutarse, y mofándose de todas y todos. Él y los suyos se amparan en “la vida privada” para defender sus fiestas con menores de edad. Poco le cuesta llamar enfurecido a cualquier plató de televisión a defender su honor. Es verdad que “Il Cavaliere” debería caer por otros motivos y no por tener el cabezón siempre tan caliente, pero todos los hombres tienen un talón de Aquiles. Mientras tanto, pensará que esas manifestaciones y esos grupos en Facebook que empiezan a sumar adeptas son una tontería. Le parecerá una pataleta sin futuro. Puede ser o puede que no… ¿Habrá pensado Mubarack lo mismo hace dos semanas?


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