Andres Martinez en su artículo “The Next American Century”, destaca cómo a pesar de la mala imagen de Estados Unidos en los últimos años, la cultura americana se expande globalmente sin nadie que le haga sombra. Que Avatar (James Cameron, 2009) se haya convertido en pocas semanas en la película más taquillera de la historia, no solo en Estados Unidos, sino también en China; o que siete de cada diez de las series más vistas a nivel mundial sean americanas, dan un ejemplo del alcance internacional que puede tener un marketing cultural a gran escala.[i] Nike, McDonalds o Coca-Cola, a menudo ejemplos trillados de la globalización, siguen siendo embajadores de la cultura estadounidense. Internet y la tecnología no han hecho sino potenciar la marca americana.
Google, Facebook, Messenger, Twitter, Apple o MySpace no son otra cosa que marines virtuales quienes, sin apretar un gatillo, dan ejemplo de lo “guay” que es Occidente, y volviendo a Qualman, ganarse de esta forma la simpatía del público.
Por eso no es de extrañar que a principios de marzo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos haya autorizado a las empresas americanas la exportación de este tipo de servicios a Sudán, Cuba o Irán. En el comunicado de prensa los americanos expresan que “como han demostrado los recientes acontecimientos en Irán, las comunicaciones personales por Internet, como correos electrónicos, mensajes instantáneos y redes sociales son herramientas poderosas.[ii]“ Es un paso a favor de la teoría de Lankov.
Si lo comparamos con el mundo empresarial, podríamos afirmar que los americanos quieren nutrir a los “sindicatos” con las armas necesarias para minar el régimen desde dentro. Están ejerciendo de “abogado del diablo” con el único fin de salir victoriosos de esta nueva guerra fría, de hacerse con el monopolio, mientras los desesperados ejecutivos de la cúpula directiva hacen lo imposible por atajarlos.
Este es el marketing internacional. Lo que hace setenta años se hiciera a través del cine, y más tarde de la televisión, películas en pro y contra de los unos y los otros, ahora se ha trasladado a la red en forma de libertades y prohibiciones. Si hubo un tiempo en el que Estados Unidos promocionase la guerra porque era buena para el país, hoy promociona Internet porque es bueno para el individuo, pero la campaña es la misma.
Los más optimistas como Lankov o el Departamento del Tesoro americano piensan que será tan sencillo como abrir canales por donde llevar los cauces de la información que puedan desmoronar los regimenes. Pero como buenos zorros, los regímenes ya han aprendido que no se trata de cortar los canales, sino de seguirlos hasta la madriguera.
Como bien comenta Moisés Naím, en su artículo Déspotas Virtuales, en el juego de Internet, al igual que en otras tecnologías, los avances juegan a favor y en contra de todos los que participan de ellas [iii].
En 2008 se supo que Nokia y Siemens habían vendido a Irán tecnología susceptible de ser usada para el espionaje; cuando la información salió a la luz, el consorcio conocido como Nokia Siemens Networks abandonó sus negocios en la república islámica, pero el daño ya estaba hecho. En China miles de personas que trabajan para el partido se dedican a espiar a sus compatriotas. En Cuba el acceso es restringido, casi nulo, y en Venezuela ya se ha creado una comisión que controle Internet.
[i] MARTINEZ, Andrés,
The Next American Century, TIMES Magazine, 22 March, 2010.
[ii] EE UU abre la puerta a la exportación de servicios de Internet a Irán, Sudán y Cuba, El País, 08-03-2010
[iii] NAIÍM, Moisés, Déspotas Virtuales, El País, 15-11-2009.
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